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La distancia

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El dolor que causa no verte, no escribirte, no borrarte. El dolor que causa que las ciudades se alejen cada vez más, como las historias que tuvimos, como las que no quieren regresar. El dolor que produce la nostalgia y el llanto, de perderse en las inquietudes, en los miedos, en los desencuentros. El dolor de no poder siquiera volver a vernos, volver a querer, volver a pintarte. El dolor de los días que han pasado, y del maldito dinero que encausa la perdida y la acrecienta. Todo por el maldito dinero, por los miles de kilómetros que nos separan y esos billetes que detienen nuestro encuentro. Un día dijimos adiós para volver a vernos, pero jamás creí que podía ser una despedida. Dijimos adiós para volver a encontrarnos, nuevamente, en la esquina que nos escuchaba y se reía con nosotros, y con nuestras risas, con lo sutil de amar entre las caricias del alma, aunque nunca nos dijéramos nada. Un día, el dinero borró todo vestigio de amor, lo convirtió en ataduras, y la distancia se convir...

Todos los meses

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  Se hizo una hendidura en el cielorraso, una hendidura que comenzó a resquebrajarse lentamente, haciendo un surco en todo el techo, hasta llegar a las paredes. Una línea sin forma que comenzó a desgranar la pintura, agrietándola, volviéndola polvo, hasta desintegrar todo el techo, convirtiéndolo en humo blanco, espeso y denso, sin altura, desvaneciendo las paredes laterales y luego el piso de los últimos pisos, para continuar con los pisos de abajo, convirtiendo el edificio en un mar de polvo inmenso junto a sus alambres y sus metales, derrumbando los edificios laterales, y luego el próximo edificio, y el otro, y el otro, hasta llegar a la manzana, luego al barrio, a las casas, a la ciudad, a los monumentos, a las plazas, al país, al continente, a todo el mundo. Una grieta sin formas ni permisos, un dolor agudo en el centro del cráneo, unas dudas sin sentido, un pequeño momento previo al desastre. Una huella que dejará rastros externos, errores, compromisos sin cumplir, deseos de ...

Margarita

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Estoy mirando Juan Griego, veo la playa, el mar, las olas, ahora iré a otras ciudades, buscaré otro rumbo, voy a pasar por Pampatar, Porlamar, La Guardia, voy a llegar hasta El Valle, Puerto Fermín, Santa Ana, lo voy a recorrer todo con la mente y el cuerpo, voy a ir por los senderos, por las piedras, por la arena, voy a llegar hasta San Juan y Boca de Rio, voy a abrazar la isla en toda su inmensidad hasta que ya no me quede nada por recorrer. En el final del trayecto, me voy a quedar en la Asunción para ver el mar desde lo alto, para ver mi casa, la iglesia, los tejados, para ver la luna por la noche en la playa, para comer pescado hasta decir basta, para abrazar a la familia que está y a la que se fue. Voy a quedarme a sentir el abrazo desde la distancia, llegando todo el tiempo, volviendo siempre.

Música incidental

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Un sonido de fa sostenido. Pentagrama en clave de sol. Leve ajetreo de armónicos. Tensión. Cambio modular. Vibrato, vibrato lento y ambiente. Sonido ambiental. Acordes abiertos, polifonía, poliacordes. Música ambiental para un film. Escenas. Sol bemol. Cadencia. Poco cambio de estructura. Juegos armónicos, vibrato lejano. Nueva tensión. Llanto. Sonido de cristal que se ha roto. Volumen bajo. Más bajo. Silencio actoral. Obra en desarrollo. Nueve segundos de silencio. Leve vibrato lejano. Pieza sin terminar. Obra en proceso. Pieza autoral sin cambio de escena. Tensión. Clímax.

El mismo libro

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  Lo intentó de nuevo. Manos sobre la tinta, tinta sobre papel, y varios días, y varios meses, quizá dos años. Y otra vez imprenta, eficiencia, mes, publicidad, compromisos. Y terminó. Se hizo un café, miró dos películas, llevó a su hija a la escuela, compró una pizza, y se acostó. Durmió mucho, demasiado. Y el tiempo comenzó a moldear otra escritura en el aire, y escribió, pero la historia era muy parecida a la anterior y la dejó. Sonó el teléfono, una nueva edición. Otra vez a releer las páginas, una a una, y a corregir. Nuevamente papel, correcciones, días, meses, un año. Y otra vez ediciones, publicidad, compromisos, cansancio, más compromisos, dormir, y bastante. Y volvió a pensar otra historia y era la misma. Habló con amigas, vio cine, discutió sobre la vida, y volvió a escribir, y nada, lo mismo, el mismo libro. Y otra vez la llamada: se vende como pan caliente, otra edición. Y otra vez correcciones, la tinta, el dolor, los meses, la vida, ediciones, muchos compromisos, ent...

Tilcara

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  Tilcara, y la luz latiendo en el pulsar. Tilcara, vida, montaña. Tilcara a través del mapa cósmico. Tilcara sin dejar de serlo. Tilcara volviendo al centro. Tilcara al volver, al regresar. Tilcara al partir. Tilcara en las luces, en la magia. Tilcara parte y tiempo. Puedo volver mil veces, puedo olvidar mil más, pero siempre estoy llegando, aunque me he ido hace tiempo.

Dos dientes

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Había dos dientes de ajo en una servilleta. Había dos dientes de ajo sucios, dos dientes con sangre, dos sucios ajos. Había dos dientes con sangre sucios, rojo ámbar sucio, dos dientes machacados, dos dientes en rojo sangre, dos, sangre, dos sucios, dos machacados. Había dos dientes, y la servilleta sucia manchada de rojo ámbar, roja sangre, roja, sucia, manchada. Había dos dientes sucios en el piso, dos dientes de alguien, sucios, en el piso, manchados con sangre, dos dientes de ajo, dos dientes de alguien, dos dientes sucios, rojo sangre, rojo dolor. Había dos dientes en el piso, dos dientes que no eran míos, dos dientes de alguien, dos dientes que ya no volverán a existir, dos dientes machacados, con el rojo de la carne de los labios, del rostro ensangrentado en el piso rojo sangre, rojo dolor, en el piso, en el piso rojo, el piso rojo sangre dolor, dos dientes, en el piso.

Sonoma

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La lejana Sonoma, y el vasto mar de tierras que circundan el territorio. La lejana Sonoma, septentrional, que abrió paso a todo lo que fue nuestro, a todo lo que nos quitaron, y a todo lo que hicieron para quitarnos del mapa esta geografía; y todo por el hecho de obtener por codicia, de obtener a cualquier costo, de obtener sin empatía. Y después, esas mismas personas que hicieron tanto daño, dicen que ayudan al prójimo, cuando ni siquiera han aprendido a ayudar, ni saben lo que es la empatía. Lo hicieron con nuestras tierras, lo hicieron con la de nuestros ancestros, lo hicieron más allá del mar, y lo seguirán haciendo en el futuro, todo por el ansia de poder y control, todo por creerse dueños del mundo; maldito imperio déspota y totalitario. Si no lo obtengo por las buenas, inventaré una excusa para obtener lo que deseo, será mío a cualquier precio. Será mío, aunque se pierdan mil vidas en el intento. Será mío porque lo quiero, porque se me ocurrió un día y así lo será. Sin embargo, ...

La Curva de Cesteros

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Los seis pasos que hay entre el Palacio Nacional y la Clínica Abel González de Santo Domingo, no sirven para explicar los sucesos inexplicables que ocurren en el Parque Independencia. Médicos y pacientes recorren día a día la curva de la calle Mariano Cesteros, sin encontrar razón alguna a los hechos que allí suceden. Por la noche, un sereno custodia la Clínica y desde una de las ventanas divisa los árboles del Parque. La Avenida Independencia es una de las más transitadas del Distrito Nacional, por lo que resulta muy curioso ver a los turistas detener su marcha cuando pasan por el Parque, y quedarse varios minutos observando aquellos fenómenos. No es para menospreciar, las habladurías de las comadres del lugar que, ante hechos de tal magnitud, avivaron el boca en boca hasta llegar a los periódicos. A partir de eso, fotógrafos, periodistas y eruditos de la farándula dominicana se acercaron al lugar, para ver por ellos mismos lo que allí sucede. Con el pasar de las semanas, el alcalde ...

El campeonato del mundo

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El amor pasó frente a sus ojos en aquel instante. Luego, una ráfaga de viento fuerte, levantó el polvillo del suelo, y le estorbó la visión. Cuando pudo volver a ver, una gran cantidad de nubes grises cubrían el cielo. La tempestad estaba cerca. Puso su pie sobre la esfera de parches, y observó el esquema. A su derecha: su mejor amigo a metros de distancia, inalcanzable. No podría lograr nada por allí. A su izquierda, su rival bloqueando las fases de enganche y desmarque. Tampoco había chances por ese lado. Al frente, tres soldados de artillería pesada, en tres puntos estratégicos. La zona estaba cercada. Dominó el esférico y volvió a su arco, los soldados comenzaron a acercarse rápidamente. Su amigo pidió el balón en la distancia, objeción denegada. Su lateral izquierdo lo pidió también, rechazado. Volvió unos pasos hacia atrás, y eludió a los tres soldados que tenía en frente, en una maniobra táctica de avance estratégico. El cielo comenzó a gritar lentamente, con haces de luz fervor...

El collar de cuentas

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  Detrás de unas nubes color magenta, se escondía Artimud, mientras unos eclóptados giraban en torno a una piedra violeta. Delante de sus pasos, una cebra de color verde fluorescente y unos baobabs jugaban a quererse brevemente. La cebra apenas contestaba las preguntas de aquellos árboles intrincados. <<Que locura>> pensó Artimud <<pensar que nunca había escuchado el lenguaje de los baobabs en la Tierra>> . Detras de sí, una marciana de cabellos grises hablaba con un talagmito de Plutón y unas everniques de Galandea. <<Debo comenzar el viaje rápidamente>> pensó mientras se alejaba, <<aunque no sé por qué me apresuro, si aquí no existe el tiempo>> y sonrió brevemente. Unos ángeles alados de las aldeas del norte aparecieron fugazmente, y se posaron sobre las everniques , que gritaron con rabia. Artimud siguió caminando, y encontró a varios grupos de personas de distintas religiones de la Tierra, que se peleaban por un trofeo dorad...

Borrarte

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Después de perdonarla varias veces, se escapó por sus manos una mirada suya y un par de instantes en el parque. Más tarde, se deslizaron por su piel unos días en Manhattan, unas risas en la playa, y una foto en la esquina de Maître Albert y Montebello. Después de desarmar su primer recuerdo, se le olvidó Cajamarca con sus voces y sus llantos, el retrato vivo de sus ojos, el rojo pastel de sus labios en Montreal, el dos de junio en La Plata, y las voces de sus amigas leyendo Rayuela en el mismo parque. Después de evitar hablarle, de jugar con los haces de luz y las bengalas, se le extravió la noche que se amaron dos veces, las fotografías y los portarretratos, la odisea de volver y no volver, la lenta transición de empezar a amarla. Después de tanto desorden, tanto caos, tanta herida, comenzó a borrar su figura con el pensamiento, desarmando primero sus ojos, luego su llanto, después su sombra, y lentamente el borroneado mapa de su imagen, impávida, inexistente, mientras hablaba con el ...

El hartazgo

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Basta. No lo soporto más. Necesito que lo quiten ya mismo de ahí. Ese ruido me está taladrando la cabeza. Por favor, basta. Años y años escuchando ese dolor, ese maldito dolor. Sus retorcidas miserias, sus elegías, su abandono. Que se vaya ya mismo de aquí y que no vuelva nunca más. Ni siquiera a pedir auxilio, a desvestir nuestros problemas. Podemos arreglarnos muy bien con esta soledad que abunda, y que carcome nuestros huesos. Necesito que le digan que su mentira nos envenena, nos corroe, nos aliena. Díganle que su aniquilada locura, está matándonos lentamente. Díganle que se borre con la aurora, que se vaya con la oscura luz de la noche, y se pierda en el silencio de los enemigos, absorto, infeliz, desdichado, tal cual nos ha dejado a nosotros, tal cual nos ha dejado como especie y como sobrevivientes de este dolor. Su herida duele más por su boca que por sus vestiduras, su herida es la sal en la sangre de la historia. Quisiera que lo viertan en odio y se destruya en ese mar de lág...

Mawi

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  Olvidarla, evitar, dejar de amarla, esperar, esperar un buen rato, eludir el momento, eclipsar, solo querer que suceda. Esperar, dejar de esperar, evitar su imagen, su espera, sus fases, su angustia, su dilema. Esperar, dejar de esperar. Ansiedad de perderla, momento mágico, camino, São Paulo, los bosques, Mawi, un collar, Nueva Delhi. La India mágica, colorida, los ríos, jardines, tumultuosidad , canciones, una imagen de ella, el escondite donde estuvimos un día, una idea, un recuerdo, esperar, evitar el colapso, evitar, esperar. Solo detenerse en las calles donde fui feliz, detenerse, conversar, evitar, esperar, cambiar y cambiar y cambiar. Una calle, una vida, mil almas.

El avión

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Las luces de bengala estallaron en lo alto, y una luz rojiza encendió el cielo en la distancia. Las blancas nubes de algodón se tiñeron de naranja y amarillo. Cuando la luz se disipó, los próximos segundos fueron de pura incertidumbre. En el horizonte, las aldeas seguían sin dar respuesta. Había tiempo para dos bengalas más, luego, el caos y el miedo comenzarían a colmar el lugar. A los quince minutos, se decidió volver a intentar con la segunda luz de auxilio. La respuesta tampoco sobrevino, y el ansia de no encontrar a ninguna persona con vida, encendía todas las alarmas. Bastaron solo cinco minutos más, para que se decidiera utilizar la última luz de bengala. En un abrir y cerrar de ojos, la atmósfera se iluminó totalmente y se volvió a apagar rápidamente, mientras el ocaso, precipitaba el comienzo de la noche. En la lejanía, ninguna luz de respuesta blandió el atardecer. En poco tiempo, un murmullo embravecido se adueñó del lugar, y comenzó a hacerse más fuerte a medida que pasaban...

Hashiro

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Hashiro observó los ventanales de las casas, preguntándose porque había dejado de llover. Oculto entre una pequeña hierba que le tapaba un poco la visión, pensó que era muy bonito ver la lluvia deslizándose por los espejos iluminados. Miró hacia la distancia, y las nubes grises cubrían todo el horizonte, evocando una nueva llovizna que comenzaba a mojarlo lentamente. En la calle, casi desierta, una mujer ingresaba a una de las casas iluminadas. El cielo de Kioto volvía a teñirse de gris oscuro, dando paso a una lluvia más intensa, que no daba tregua a los vidrios de luz. Desde allí, podía observar todas las luces amarillas que poblaban sus ojos, y eso le fascinaba. La lluvia no lo cautivaba tanto, pero si el efecto que el agua hacía en la superficie coloreada. De pronto, un intenso resplandor en el cielo hizo vibrar su cuerpo, y en una de las casas alguien abrió la ventana para observar la escena pluvial. Comenzó a gritarle que estaba ahí afuera, y que le encantaba su ventana de luces...

Cataclismo

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Veo que no sos consciente de lo que sucede. Estamos ante un nuevo cataclismo, y lo único que se te ocurre es pensar en los actos sin las consecuencias, y la mayoría -por no decir, casi todos- son evitables. No es necesario escribir los pormenores con presencia de carencias, ni realizar aclaraciones que faltan a la verdad. Todo lo que haces, es posible hacerlo distinto. El mapa del mundo es hermoso, su gente es hermosa, sus caminos, sus destrezas, aunque algunos lo pinten con colores inexactos; y ahí es donde hay que observar bien, ahí, es donde precisas pensar como actuar. Porque, a partir de esos colores, construyen el mundo de la angustia y el dolor. Sin embargo, veo que no deseas corregirlo, te gusta vivir ese mundo de odio y penumbras, para poder apagar la luz del mundo, para aumentar la necedad y la necesidad, para corregir el algoritmo a tu favor, para empoderar tu suceso. Sin tan solo evitarás el colapso con las palabras justas, el colapso no existiría, y en su lugar, habría un ...

Los lagos

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Son quizá 300y o 450z tal vez, no lo sé. Es un número bien grande de eclóptados . Se dice que se reproducen con el metano, es realmente sorprendente. Tienen un nivel de respiración discontinuo, por lo que pueden estar mucho tiempo sin respirar bajo el agua pesada. Viven muchos años, algunos hasta ocho siglos. Les encanta el calor de la superficie. Dicen que vienen de las estrellas, de algún lugar lejano en el cosmos que aún desconocemos. Su hábitat era una esfera celeste brillante, y los enviaron hasta aquí en unos círculos metálicos que aparecían en nuestro cielo. Es interesante que hoy tengan la forma que tienen. Dicen que les decían peces en su mundo.

La extensa noche

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Manifestóse lágrima, sin sobresaltos, en la penumbra, en el ocaso, en el letargo del vidrio olvidado de la casa, en la pasividad de la grandilocuencia, de lo inerte, de lo inverosímil. Fue lágrima durante todo el día, y durante toda la noche, casi al borde de desaparecer, mientras el sol intenso del verano intentaba derretirla. Fue llanto, perpetuo, profundo, colapso. Fue intensamente llanto y nostalgia, luego descenso, caída, cataclismo. Fue llanto exasperante, llanto cándido y cruel, llanto arrebatador de vanidades. Fue llanto extremo y tenso que sucumbe a nuestras voces, llanto de la intensidad de atroces clepsidras de dolor, llanto que la lágrima desvanece, llanto que el calor del verano oculta, llanto entristecedor de multitudes. Fue entonces, que luego del extenso letargo, comenzó el letal invierno, que puso comienzo al fin en el poniente, detrás de las rocas cantábricas, detrás del oasis de alegría. Fue entonces que comenzó la amplia noche, extensa y esquiva, final del sueño de ...

Pregunta

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<<¿A dónde fuiste hoy?>> <<A las montañas, quería saber cómo era el aire>> <<¿Por qué? ¿Acaso el aire no es el rostro de las personas?>> <<No, aun no, es la mitad de mi momento>> El fin de la parábola acababa de fundirse con el viento. <<¡Deja las gaviotas!>> gritó el viento <<¿no ves que ha amanecido ya? Deja el universo vida, déjalo seguir expandiendo sus huesos, que llegue más alto. Déjalo viajar, yo soy solo viento, yo solo armo barreras de corales y esteros, yo solo grito y escucho, a mí nadie me deja ser viento>> Ella volvió a callar y escuchó al astro: <<Déjala viento, déjala ser astro>> <<Pero es que yo no quiero ser astro>> dijo ella <<yo quiero ser momento eterno>>   <<¿Por qué?>> preguntó el viento <<¿Por qué?>> prosiguió el astro <<Porque si soy viento, me llevan tus manos tan cerca del cielo que tocarlo es un segundo, un vano mom...