La Curva de Cesteros
Los seis pasos que hay entre el Palacio Nacional y la Clínica Abel González de Santo Domingo, no sirven para explicar los sucesos inexplicables que ocurren en el Parque Independencia. Médicos y pacientes recorren día a día la curva de la calle Mariano Cesteros, sin encontrar razón alguna a los hechos que allí suceden. Por la noche, un sereno custodia la Clínica y desde una de las ventanas divisa los árboles del Parque.
La Avenida Independencia es una de las más transitadas del Distrito Nacional, por lo que resulta muy curioso ver a los turistas detener su marcha cuando pasan por el Parque, y quedarse varios minutos observando aquellos fenómenos. No es para menospreciar, las habladurías de las comadres del lugar que, ante hechos de tal magnitud, avivaron el boca en boca hasta llegar a los periódicos. A partir de eso, fotógrafos, periodistas y eruditos de la farándula dominicana se acercaron al lugar, para ver por ellos mismos lo que allí sucede.
Con el pasar de las semanas, el alcalde y hasta el mismísimo presidente ya sabían de las noticias de la Milagrosa Curva de Cesteros, y hasta detuvieron sus actos públicos y menesteres, para allegarse y poder ver en carne y hueso lo acontecido. Tanto así, que sus ojos no podían creer lo que veían, y su mente no salía del asombro, quedando perplejos ante hechos de tal magnitud.
Con el pasar de los días, aquel suceso atraía a una gran cantidad de turistas locales e internacionales. La plaza hotelera desbordaba de personas, y las reservas no tenían techo. Cantantes de bachata y de músicas populares quisqueyanas comenzaron a incluir a la curva de Cesteros en sus canciones. En el transcurso de un año, todo el mundo quería, al menos una vez en su vida, estar en la curva. Rápidamente, el sitio se convirtió en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y en Símbolo Nacional y Latinoamericano. Artistas internacionales de toda índole, realizaron eventos lucrativos y a beneficio en la curva. El alcalde fue presidente, el presidente fue vicepresidente, y el tiempo los eternizó en el poder.
Hasta que un día, después de tanto tiempo transcurrido, tantos premios conseguidos, tantas personas asediadas, tanto poder conseguido y en usos, desmedido; lo que se encontraba en la curva… desapareció. Todo eso que tanto poderío les había dado, dejo de existir.
Y comenzó el abandono. Cientos de personas dejaron de interesarse por Santo Domingo, por sus calles, por su gente, por la Clínica, por las obras de caridad, por el turismo. Y fue entonces, en ese instante, el comienzo de la Era Moderna.

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