Todos los meses
Se hizo una hendidura en el cielorraso, una hendidura que comenzó a resquebrajarse lentamente, haciendo un surco en todo el techo, hasta llegar a las paredes. Una línea sin forma que comenzó a desgranar la pintura, agrietándola, volviéndola polvo, hasta desintegrar todo el techo, convirtiéndolo en humo blanco, espeso y denso, sin altura, desvaneciendo las paredes laterales y luego el piso de los últimos pisos, para continuar con los pisos de abajo, convirtiendo el edificio en un mar de polvo inmenso junto a sus alambres y sus metales, derrumbando los edificios laterales, y luego el próximo edificio, y el otro, y el otro, hasta llegar a la manzana, luego al barrio, a las casas, a la ciudad, a los monumentos, a las plazas, al país, al continente, a todo el mundo. Una grieta sin formas ni permisos, un dolor agudo en el centro del cráneo, unas dudas sin sentido, un pequeño momento previo al desastre. Una huella que dejará rastros externos, errores, compromisos sin cumplir, deseos de hacer algo, extensas opciones no admitidas. Una pequeña grieta en el centro mismo del cuerpo, que dejará para después todo lo que era para hoy. Una pequeña herida, que hará que se destruya el mundo todos los meses, a distintas horas, en distintas partes.

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