El campeonato del mundo
El amor pasó frente a sus ojos en aquel instante. Luego, una ráfaga de viento fuerte, levantó el polvillo del suelo, y le estorbó la visión. Cuando pudo volver a ver, una gran cantidad de nubes grises cubrían el cielo. La tempestad estaba cerca. Puso su pie sobre la esfera de parches, y observó el esquema. A su derecha: su mejor amigo a metros de distancia, inalcanzable. No podría lograr nada por allí. A su izquierda, su rival bloqueando las fases de enganche y desmarque. Tampoco había chances por ese lado. Al frente, tres soldados de artillería pesada, en tres puntos estratégicos. La zona estaba cercada. Dominó el esférico y volvió a su arco, los soldados comenzaron a acercarse rápidamente. Su amigo pidió el balón en la distancia, objeción denegada. Su lateral izquierdo lo pidió también, rechazado. Volvió unos pasos hacia atrás, y eludió a los tres soldados que tenía en frente, en una maniobra táctica de avance estratégico. El cielo comenzó a gritar lentamente, con haces de luz fervorosos a cada momento. Luego, unas finas gotas empezaron a mojar su piel y su ropa. En breve, todo el campo de juego se brotó de gigantescas manchas marrones por doquier. Desvió el balón hacia un punto muerto, y dejó atrás dos rivales más, mientras sus compañeros avanzaban a sus costados, aunque, sin opciones viables. Clavó la mirada en el horizonte y volvió a escanear el panorama. La última chance tomó impulso cada vez más. De repente, pateó el balón y cayó al suelo instantáneamente. El esférico empezó a surcar el aire, mojado por la lluvia impetuosa, mientras el jugador número diez caía al suelo. Sus ojos, aún abiertos, miraban el cielo sin mirarlo. No podía levantarse. Comenzó a escuchar todo sin poder hacer nada. Llegó a sentir el silbato del referí, escucho voces, sintió que lo tocaban e intentaban moverlo. Luego, se durmió durante un largo tiempo. Cuando despertó, el campo de juego era blanco, y el horizonte eran cables y un monitor que marcaba el pulso. Vio unas personas que se acercaban y le decían que todo estaba bien, que iba a mejorar. Los escuchaba como si estuvieran muy lejos. Sentía un paño cubriendo su cabeza. Se volvió a dormir. El campo de juego apareció nuevamente. Se levantó del piso y vio que el esférico caía adentro de la red, a casi más de veinte de metros se distancia. El portero no podía hacer nada, era el 1-0 final. La copa estaba ganada. No llegó a ver el final de los festejos. Lentamente, se volvió a apagar la luz de su estadio personal, mientras un país entero, celebraba el primer campeonato del mundo.

Comentarios
Publicar un comentario